Saber identificar señales de ansiedad o estrés laboral te va a dar la posibilidad de atajar el problema sin que se haga bola. Es importante saber determinar cuáles son las sensaciones y síntomas que se manifiestan en estos casos y de todo ello hablamos en este artículo.
¿Estás notando algo raro que no te deja sentirte bien y no sabes muy bien qué es? La ansiedad o el estrés laboral se manifiestan de diferentes formas según la persona.
Por un lado, hay personas que notan que están más irritables, que duermen peor o que llegan al trabajo con una sensación extraña en el pecho.
Pero, por otro lado, hay otras a las que les pasa justo lo contrario: siguen tirando, cumplen, terminan las tareas y, aun así, los días cada vez les cuesta más.
¿Estás en alguno de estos ejemplos?
Los síntomas del estrés pueden afectar a tu cuerpo, a los pensamientos, emociones y a tu forma de comportarte. La ansiedad puede llegar a ser un problema que, si persiste, afecta directamente a tu día a día. Y no hay nada mejor que ponerle solución.
Y no, no vamos a hablar de cómo autodiagnosticarte, sino de cómo detectar esos patrones antes de que el malestar se haga más grande.
Aunque muchas veces se meten en el mismo saco, no son exactamente lo mismo.
Habitualmente, el estrés laboral suele aparecer cuando estás hasta arriba en el trabajo y lo que te piden supera con creces los recursos que tienes para afrontarlo. Por ejemplo, picos de carga, plazos muy ajustados, cambios de equipo, conflictos o cuando el jefe dice que esto tenía que estar para ayer.
Sin embargo, la ansiedad suele aparecer como una preocupación constante, cuando tu cuerpo está constantemente en alerta pensando que algo va a pasar o una negatividad sostenida en el tiempo ante cualquier cosa.
Normalmente, se piensa que el estrés laboral llega de sopetón, ¡pum! Te pega un golpe bueno y te sientes mal de repente. Pero ahí está el error.
Es algo que se va manifestando poco a poco y se acaba reflejando como una suma de pequeños cambios.
Puede ser que empieces a dormir regulín, te va costando concentrarte cada vez más, te vas irritando por cualquier cosilla, luego le sumas unos cuantos dolores de cabeza y al final te das cuenta de que tu cuerpo está trabajando con el modo alerta activado desde hace tiempo.
¡Tampoco hay que diagnosticar el problema a la primera de cambio! No por estar cansado ya significa que tienes ansiedad. Y no por tener un día malo vas a tener algún problema de salud mental. La clave es la frecuencia con la que tengas esos síntomas, la intensidad y en cómo el malestar se va colando en diferentes partes de tu vida, no solo en el trabajo.
¡El cuerpo es sabio! Ya lo dicen las madres cuando estás a tope de trabajo y, en cuanto paras, te pones malo. ¿A que también te ha pasado? Pues igual con el estrés o la ansiedad.
El cuerpo suele avisar antes de que pongamos palabras a lo que pasa. Algunas señales tempranas de estrés o ansiedad en el trabajo pueden ser:
• Dificultad para dormir o sueño poco reparador, ¡te cuesta levantarte todos los días!
• Tensión en cuello, mandíbula o espalda; estás más recto que el palo de la fregona.
• Dolor de cabeza frecuente. Parece que tienes un tambor dentro.
• Cansancio constante, incluso después de descansar. Sientes que te pesa el cuerpo todo el tiempo.
• Palpitaciones, nudo en el estómago o sensación de opresión. Hay mariposas en tu tripa, y no son de enamoramiento.
• Cambios en el apetito o molestias digestivas. No hay nada que te siente bien.
Ya sabes que 2+2 son 4 pero en este caso, tener alguno de estos síntomas no significa que tengas ansiedad, pero sí que son una llamada de atención para que estés atento a tu cuerpo.
¿Cuántas veces has dicho frases como “estoy harto”, “no tengo paciencia”, “no sé qué me pasa”?
La irritabilidad constante, esa sensación de agobio y la dificultad de desconectar del trabajo al salir por la puerta son llamadas de atención de tu cuerpo para decirte que algo está pasando.
La ansiedad puede interferir no solo en tu trabajo, sino también en tus relaciones y en tu vida personal.
¿Tienes que leer un correo tres veces para enterarte de lo que te están pidiendo? La falta de concentración es otra señal que puede manifestarse en pequeñas cosas como no saber dónde has puesto las llaves del coche, si has apagado la luz de la oficina o si sientes que tomar una decisión te supone un esfuerzo mayor de lo habitual.
También puede aparecer una anticipación constante: imaginar que algo saldrá mal, dar vueltas a conversaciones pasadas o adelantarte mentalmente a problemas que todavía no han ocurrido.
Una semana o un mes malos lo tenemos todos, por eso si estás pasando por un periodo exigente en el trabajo, puede ser que te encuentres en una situación de estrés temporal, ¡es muy normal!
Cuando hay que prestar mucha atención es en el caso de que ese malestar se vaya alargando en el tiempo y haga que no te sientas bien ni en los momentos de descanso como las vacaciones.
¡Mucho cuidado! Esto no es sustitutivo de una evaluación por un profesional; de hecho, te recomendamos que, ante cualquier síntoma, acudas a cualquiera de ellos para que puedan ayudarte a entender lo que te ocurre.
Estas preguntas que vamos a plantear están pensadas para hacerte pensar y quizás darte cuenta de que lo que tú estabas normalizando es una señal de alerta que no debes ignorar. ¡Vamos allá!
• ¿Pienso en el trabajo incluso cuando ya he terminado? Si tu mente sigue en alerta todo el día, incluso en momentos de descanso, no es una tontería.
• ¿Mi cuerpo está hablando por mí? Insomnio, bruxismo, molestias digestivas o tensión muscular repetida son señales a tener en cuenta.
• ¿Estoy reaccionando de una forma que no reconozco? Quizá te enfadas antes, lloras con facilidad o te aíslas más. Son cambios pequeños, pero significativos.
• ¿Esto está afectando a mi vida fuera del trabajo? Si llegas sin energía a casa, discutes más, cancelas planes, comes peor o ya no disfrutas del fin de semana porque el domingo por la tarde empieza la angustia; conviene frenar y mirar qué está pasando.
Llegados a este punto, no nos valen las frases autoconvincentes de “puedo aguantar un poco más”, “esto puedo gestionarlo sola”…¡Hay que normalizar las cosas!
• Poner nombre a lo que sientes. Cuanto antes lo asimiles, le pongas nombre y pidas ayuda, mucho mejor. La atención temprana es muy valiosa para una mejor recuperación.
• Revisar qué desencadena el malestar. Intenta identificar patrones que te generan esa sensación de dolor.
• Recuperar pequeños límites. Dejar el trabajo de un día para otro es un poco hardcore, pero sí puedes empezar por silenciar notificaciones fuera de horario, hacer pausas reales, comer sin trabajar a la vez o evitar responder mensajes a cualquier hora.
• Pedir ayuda profesional cuando el malestar persiste. Cuando la ansiedad es difícil de controlar o afecta a las actividades diarias, conviene buscar evaluación y apoyo.
Identificar esas señales tempranas de ansiedad o estrés laboral no consiste en dramatizar cada síntoma, sino en darte permiso para escucharte antes de que tu cuerpo y tu mente tengan que gritar más fuerte. A veces, la señal no es espectacular. Es algo tan sencillo como darte cuenta de que llevas demasiado tiempo sintiéndote mal y llamándolo normal. Y eso, precisamente, ya es una razón válida para parar y cuidarte.
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