Tenías muchas ganas de empezar tu nuevo tratamiento pero no ha ido todo lo bien que esperabas...
Cuando acudes a una clínica, no suele ser por gusto; debes resolver un problema de salud, buscas ayuda o respuestas, por lo que probablemente estés más vulnerable.
Por eso, cuando la experiencia no es buena, el impacto emocional puede ser mayor de lo esperado. Una mala experiencia en una clínica, además de generarte enfado o decepción, también puede sembrar dudas, inseguridad e incluso miedo a volver a pedir cita.
Una mala experiencia en una clínica no tiene que estar relacionada con un error médico grave. De hecho, probablemente sean por cosas más frecuentes y que tienen que ver con la forma en la que te han atendido o por cómo avanza tu tratamiento.
Algunas de las experiencias más negativas que puedes experimentar como paciente son:
• Trato frío, distante o poco empático por parte del personal sanitario o administrativo.
• Falta de información clara sobre diagnósticos, pruebas o tratamientos.
• Sensación de prisa constante durante la consulta.
• Errores en citas, horarios o facturación.
• Esperas excesivas sin explicación.
• No sentirte escuchado ni tenido en cuenta.
Si sales de la clínica con la sensación de que algo no ha ido bien, no dejes de lado esa percepción; es importante que valores qué es lo que la está generando.
Lo habitual es que cuando algo te molesta, tu primera reacción sea algo emocional, como enfadarte o sentirte decepcionado, pero antes de actuar conviene que te tomes un momento para reflexionar. Pregúntate si el problema ha sido algo puntual o es algo que se repite en el tiempo, si ha tenido que ver con el trato, con la información recibida o con el resultado del tratamiento. Esto te ayudará a expresarte mejor y a decidir cuál es el siguiente paso.
Aunque a veces cuesta, comunicar una mala experiencia a la propia clínica puede ser muy útil. Muchas situaciones se deben a fallos de comunicación o a errores organizativos que pueden resolverse fácilmente.
Cuando hables con la clínica, intenta hacerlo desde un enfoque claro y respetuoso. Explica qué ocurrió, cómo te sentiste y qué esperabas de la atención. No se trata de discutir, sino de hacer visible un problema. En muchas ocasiones, el simple hecho de tener una conversación puede hacerte aclarar el asunto, obtener explicaciones, disculpas o incluso que la clínica aporte una solución que haga que no pierdas la confianza.
Si la mala experiencia está relacionada con un diagnóstico que no te convence o con un tratamiento mal explicado, tienes derecho a actuar. En el caso de que quieras contrastar la información que te han facilitado, siempre puedes acudir a otro profesional que pueda aportarte una segunda opinión. No es sinónimo de desconfianza, sino que estás buscando tranquilidad sobre algo relacionado con tu salud.
Si llegado el momento, y tras comunicar el problema, ves que la situación no mejora, quizás es cuando debes hacer caso a tus sensaciones. ¿Cómo identificarlas? Algunas señales claras de alerta son:
• Te sientes incómodo o inseguro en cada visita.
• No recibes respuestas claras a tus preguntas.
• Minimiza tus síntomas o preocupaciones.
• Se repiten errores administrativos o de atención.
• La clínica no responde a tus quejas o las ignora.
Si sientes que no es el lugar y además tus sensaciones se ven reforzadas con alguna de las que te hemos nombrado, igual es el momento de plantearte cambiar de clínica.
No quiere decir que te vaya a pasar lo mismo en todas las consultas; tu experiencia te servirá de aprendizaje a la hora de escoger un nuevo lugar en el que tratar tu salud.
• Opiniones de otros pacientes, especialmente sobre el trato y la comunicación.
• Claridad en la información que ofrece la clínica en su web o por teléfono.
• Facilidad para pedir cita y resolver dudas.
• Sensación de cercanía desde el primer contacto.
La primera impresión suele decir mucho sobre cómo será la atención posterior, por lo que debes ir con todos los sentidos bien abiertos para obtener una opinión objetiva.
Como paciente, debes conocer los derechos que tienes para, en el caso de que te enfrentes a situaciones que los vulneren, puedas tomar medidas.
Como paciente, tienes derecho a:
• Recibir información clara y comprensible sobre tu estado de salud.
• Ser tratado con respeto y dignidad.
• Decidir sobre tu tratamiento tras recibir la información adecuada.
• Solicitar una segunda opinión médica.
• Acceder a tu historial clínico.
• Que se respete la confidencialidad de tus datos.
Conocer estos derechos te da seguridad y te permite actuar con más firmeza si algo no se cumple.
En casos más serios, si has pasado por una negligencia clara o perjuicio importante, puede ser que debas optar por otras acciones adicionales.
Puedes solicitar la hoja de reclamaciones de la clínica o presentar una queja ante los organismos sanitarios correspondientes. En situaciones complejas, contar con el apoyo de asociaciones de pacientes o consultar con un asesor legal especializado en derecho sanitario puede ayudarte a valorar cómo proceder.
Es posible que, si has pasado por una mala experiencia, no solo tengas consecuencias físicas.
Sentir ansiedad antes de volver a una consulta, desconfianza o incluso miedo es más habitual de lo que parece. Hablarlo con alguien de confianza o con un profesional de la salud mental puede ayudarte a recuperar la tranquilidad y la confianza en la atención sanitaria.
Está claro que nadie quiere pasar una situación negativa en una clínica, pero lo importante es aprender a partir de ella.
En el momento en que pasas por una mala experiencia, hace que en cualquier otra situación te hagas más preguntas, prestes más atención al trato y a escuchar mejor tus sensaciones.
Una mala experiencia en una clínica no debería hacerte sentir indefenso. Tienes voz, derechos y opciones. Puedes hablar, pedir explicaciones, cambiar de profesional y buscar una atención que esté alineada contigo.
Tu salud no es solo el tratamiento que recibes, sino cómo te sientes durante el proceso. Y eso importa. Elegir una clínica donde te sientas escuchado y respetado es parte fundamental de tu bienestar.
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