¿Te has llevado alguna sorpresa en consulta por no haber entendido el presupuesto que firmaste? Copagos, cláusulas poco claras…En este artículo hablamos de todas esas cosas que sí o sí deben incluir y que tienes que entender al dedillo.
¿Tú también te quedaste bloqueado en el momento de rellenar el primer “parte” cuando te diste un golpe con el coche? ¡No hay quien entienda esos papelitos!
Pues lo mismo pasa cuando acudes a una clínica y te dan un presupuesto en el que, por mucho que te lo expliquen, las palabras “copago”, “revisión no incluida” y cientos de cláusulas hacen que no sepas por dónde cogerlo.
Como paciente, tienes derecho a recibir toda la información adecuada antes de tomar una decisión sobre un tratamiento. Vamos, que debes preguntar todo lo que necesites hasta que te quede bien claro que es lo qué estás aceptando, los riesgos, las condiciones económicas, etc.
La definición oficial es que es una estimación económica del tratamiento, prueba, intervención o servicio que una clínica propone al paciente.
Por ejemplo, si tienes un dolor lumbar que no te deja moverte y acudes a una clínica de fisioterapia, quizás te propongan una primera valoración, un plan de cinco sesiones y una revisión posterior.
Si el presupuesto está bien hecho, no debería limitarse a poner simplemente eso, sino que tiene que ayudarte a entender qué tipo de sesiones son, cuánto dura cada una, si incluye valoración inicial, si es posible que te cambien de tratamiento o, por ejemplo, qué ocurre si no consumes todas las sesiones que has contratado.
Sencillo, todo lo que tienes que pagar por una consulta, medicamento u otros a pesar de tener contratado un seguro médico.
Tú puedes tener tu póliza, pero no tiene por qué cubrirte todo lo que necesitas. Por ejemplo, es probable que tu seguro cubra las consultas con el traumatólogo, pero no una operación de los metatarsianos. O quizás te cubra una consulta con un especialista, pero tú pagas 12€ por visita. O te puede cubrir sesiones de fisioterapia, pero con un copago de 8€ por sesión.
Antes de pedir cita con cualquier especialista pensando “esto lo cubre el seguro”, es importante que revises bien cuáles son las condiciones que has firmado. Por eso, esto es lo que debes preguntar para asegurarte de que luego no llegarán cargos extra a la tarjeta:
- Si el servicio está incluido en tu seguro.
- Si tienes que pagar copago por cada visita.
- Si el copago cambia según el especialista o la prueba.
- Si existe un límite anual de sesiones.
- Si necesitas autorización previa de la aseguradora.
Los bonos de sesiones seguro te han parecido lo mejor, y si el tratamiento que tienes que seguir supone una visita quincenal o mensual; puede ser una muy buena opción, ya que normalmente conlleva que el precio por sesión sea más económico. Son frecuentes en fisioterapia, psicología, logopedia, podología, nutrición, ejercicio terapéutico o tratamientos estéticos sanitarios.
Pero antes de comprar un bono, conviene leer las condiciones. No todos los bonos funcionan igual.
Un bono de sesiones debería indicar cuántas sesiones incluye, qué duración tiene cada sesión, qué profesionales pueden realizar el tratamiento, si se puede compartir con otra persona, si tiene fecha de caducidad y qué ocurre si decides interrumpirlo.
También es importante que sepas si el bono incluye exactamente el mismo servicio que una sesión individual. A veces, el precio reducido se aplica a sesiones más breves, revisiones concretas o tratamientos específicos.
Por ejemplo, no es lo mismo un bono de 5 sesiones de fisioterapia individual de 50 minutos que un bono de 5 sesiones de ejercicio terapéutico en grupo. Ambos pueden ser útiles, pero no son el mismo servicio. Y, si no queda claro desde el principio, te vas a llevar más de una sorpresa.
Esto suena serio. La palabra cláusula da la sensación de contrato para toda la vida, inquebrantable e incluso es un poco antipática, no lo vamos a negar. Pero, en realidad, tan solo son las condiciones del servicio, que te gusten más o menos, ya que pueden terminar afectando directamente a tu bolsillo.
Algunos presupuestos tienen una validez limitada. Por ejemplo, “válido durante 30 días”. Esto significa que el precio o las condiciones podrían cambiar después de esa fecha. Es de sentido común y extrapolable a cualquier presupuesto, independientemente de si son de salud, pero es necesario que esté puesto.
¡El tiempo vuela! Y es posible que, si compras un bono de sesiones, pero casi nunca haces hueco para ir a las sesiones, lo que se te hacía muy lejano llegue rápido y, en el momento que quieras volver a disfrutar de él, ya haya caducado.
Por eso es especialmente importante que, en el momento de comprar un bono, revises si caduca en tres meses, seis meses o un año.
Tienes cita en tu clínica de medicina estética para una sesión de láser y la noche de antes el jefe te avisa que tendréis un evento que se alargará… ¡Oh, oh! Sesión perdida.
Muchas clínicas establecen una política de cancelación, por ejemplo, avisar con 24 horas de antelación para no perder la sesión.
No, no es una locura, ya que esta condición está pensada para poder volver a reorganizar las agendas de los profesionales. Porque si lo hace uno, pues igual no pasa nada, pero si en el mismo día cancelan 10 pacientes… ¡Es una faena!
Pregunta qué ocurre si no puedes continuar el tratamiento. ¿Se devuelve la parte no disfrutada? ¿Se cambia por otro servicio? ¿Se puede transferir a otra persona? Cada clínica puede tener sus propias condiciones, pero deberían estar explicadas de forma comprensible.
Esta es una de las partes más importantes. Un presupuesto puede no incluir pruebas externas, materiales, informes especiales, revisiones adicionales, urgencias, medicación o sesiones extra. Revisa muy bien este apartado para que tengas todo bien claro, ya que aquello que no esté incluido puede marcar la diferencia.
El momento de firmar un presupuesto de cualquier tratamiento de salud no es algo que pueda hacerse de forma rápida mientras atienden a otros pacientes en recepción.
Necesitas estar en un clima adecuado, donde sientas la libertad de preguntar todo lo que necesites para que, en el momento de plasmar tu firma, no tengas ninguna duda.
Cuando esto ocurre y entiendes los conceptos que se nombran en el documento, te va a permitir elegir mejor y avanzar en tu tratamiento con confianza.
Saber identificar señales de ansiedad o estrés laboral te va a dar la posibilidad de atajar el problema sin que se haga bola. Es importante saber determinar cuáles son las sensaciones y síntomas que se manifiestan en estos casos y de todo ello hablamos en este artículo.
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Jennifer Martín
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Jennifer Martín